El todo no es la suma de las partes. La ventaja competitiva de la inteligencia colectiva

Un equipo no es la suma de varios jugadores sino la interacción entre distintos jugadores que crean algo nuevo. Un nuevo sistema con identidad propia que es más que la simple suma de las partes. Al igual que la yuxtaposición del cobre y el estaño dan como resultado un nuevo metal, el bronce, cuyas cualidades son distintas a las del cobre o el estaño por separado; la unión de los miembros de un equipo da como resultado un ente cuyas capacidades son distintas a las que cada jugador tiene por separado.

El resultado no es la suma de las partes, existe una interacción constante de todas las partes que forman un sistema complejo que a su vez está formado por elementos que interactúan entre ellos. A mayor número de elementos, mayor número de interacciones y mayor complejidad.

Un equipo de fútbol está considerado como un sistema complejo porque está compuesto por un conjunto de elementos, jugadores, que interactúan organizados en torno a un propósito principal: marcar gol mediante la combinación del balón entre sus miembros para ganar el partido. Para cumplir con este propósito, un sistema tiene que encontrar la forma más adecuada. En un equipo de fútbol, normalmente el propósito es doble: defender la propia portería y meter gol en la portería que defiende el rival.

El punto más débil del orden en el sistema son las transiciones desde al ataque a la defensa. El equipo que pierde el balón mientras está atacando debe reorganizarse inmediatamente para adoptar una estructura defensiva que minimice la vulnerabilidad frente al ataque del equipo contrario. La eficacia colectiva consiste en la habilidad que tiene el sistema (equipo) de pasar de un estado a otro sin ser sorprendido. Es decir, la habilidad de colocarse rápidamente cuando pierdes el balón y de recuperar nuevamente el balón lo antes posible para coger al equipo oponente desordenado.

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