Hacia el jugador librepensador (II)

pascual_guerrero_u-20wc_2011_cmr-nzlLÓPEZ DEL CAMPO, Roberto.

Intentar aislar la totalidad de situaciones reales con las que se puede encontrar un jugador durante un partido y darle la respuesta adecuada en cada una de ellas, resultaría prácticamente imposible. Por ello, debemos conseguir que sea el propio jugador el que procese la información que percibe, con el objetivo de tomar la decisión óptima en función de las peculiaridades de cada situación competitiva.

La distancia entre el querer y el poder se acorta con el entrenamiento, pero no con cualquier entrenamiento. El componente decisional debe estar implícito en todas las tareas. Existen ejercicios en los que el futbolista se limita a ejecutar una acción determinada siguiendo las indicaciones del entrenador. Este tipo de trabajo, en el que el jugador es un mero agente pasivo que realiza de forma mecánica lo que se le dice, no provoca una mejora en el proceso de toma de decisiones.  Las acciones combinadas, los cuadrados técnicos, la táctica fija y todos aquellos planteamientos en los que se establezcan posiciones de salida y llegada fijas y se indique al jugador de forma expresa lo que tiene que hacer, serían un claro ejemplo de acciones no adecuadas para desarrollar el proceso de toma de decisiones. Este tipo de ejercicios, a pesar de que puedan tener otros objetivos igualmente válidos, no incremental la inteligencia del futbolista.

Debemos tener muy presente que el día del partido las situaciones a las que se van a enfrentar los jugadores son muy distintas:

  • Va a existir una oposición real que intentará dificultar las acciones a realizar.
  • No habrá nadie que diga al jugador lo que tiene que hacer en cada momento, ni se podrá parar el partido para corregir la decisión tomada. El entrenador solo podrá dar indicaciones generales o corregir determinados errores a posteriori, desde la banda. En definitiva, quien tendrá que elegir entre una opción y otra – en décimas de segundo – es el propio jugador.
  • El jugador deberá tener en cuenta el proceso de toma de decisiones de sus compañeros para asociarse de forma eficaz.

Por el contrario, se pueden diseñar tareas en las que sí se fomente la toma de decisión de los jugadores. Todo ejercicio que pretenda este fin deberá:

  • Dejar el mayor grado de libertad al jugador para que pueda ejecutar de forma autónoma las acciones que considere más oportunas.
  • No establecer ninguna norma o limitación. O de hacerlo en aras a un objetivo concreto, que sean las menos posibles.
  • Incluir una oposición real.
  • Incluir compañeros con los que el jugador tenga que asociarse.
  • No establecer posiciones fijas de las que tengan que salir los jugadores o a las que tengan que llegar. Se debe respetar el posicionamiento táctico que garantice en todo momento la adecuada ocupación del espacio, pero sin indicaciones explícitas.
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