La importancia de meter el primer gol (V)

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LÓPEZ DEL CAMPO, Roberto.

El proceso de múltiples y complejas toma de decisiones que cada uno de los jugadores realiza durante la competición se va a ver condicionado por los distintos grados de activación, estrés, ansiedad y autoconfianza en los que se encuentre el futbolista. Pudiendo llegar incluso a echar por tierra todos los beneficios de un entrenamiento previo perfectamente planificado y ejecutado (Cantón, Mayor, & Pallarés, 1995).

Están empezando a aparecer investigaciones pluridisciplinares que pretenden entrenar el control de todos estos aspectos psicológicos que resultan tan determinantes de cara a conseguir los objetivos propuestos, que en nuestro caso se podría sintetizar en la capacidad de reacción ante situaciones adversas.

Aunque para otros autores como Morin, este tipo de estudios resultan demasiado simplistas y utópicos, ya que no tienen en cuenta el hecho de que la complejidad humana es difícilmente abarcable por los métodos de entrenamiento tradicionales (Morin, 2008).

No obstante, todas las investigaciones tienden a reconocer la necesidad de incluir esta complejidad psicológica en los métodos de entrenamientos más actuales. De esta forma, los deportistas lograría adquirir competencias muy útiles para soportar aspectos relacionados con la presión competitiva que les puede impedir alcanzar el éxito deportivo (Weinberg & Gould, 2010), que en el caso que nos atañe consistiría en terminar ganando el partido.

Activación, estrés y ansiedad

Distintos autores coinciden en determinar que la competición deportiva es un proceso en donde las demandas ambientales, medidas por factores interpersonales, pueden generar situaciones de ansiedad, estrés o falta de activación que dificultan en gran medida la consecución del éxito deportivo (Valdés, 1996). Sin duda alguna, situarse por detrás en el marcador es uno de esos casos en los que aumenta los niveles de ansiedad y estrés.

En este punto, es relevante realizar una aclaración terminológica sobre los términos ansiedad, activación y estrés que nos ayudarán a entender con mayor exactitud la influencia que cada uno de ellos tiene sobre el rendimiento deportivo, y a la postre sobre la capacidad de remontar un resultado adverso. La activación refleja el aumento o disminución de la capacidad de respuesta del sistema nervioso a un nivel eminentemente cognitivo. En relación con la ansiedad, definida como un estado de agitación y tensión que desencadena reacciones somáticas y psíquicas de inseguridad o amenaza, podríamos concluir que todo deportista que sufre ansiedad se encuentra en un alto grado de activación; pero por el contrario, no todo deportista que esté muy activo tiene por qué sufrir ansiedad (Márquez, 2004).

En cuanto al concepto de estrés, generalmente se ha considerado como un sinónimo de la ansiedad. Sin embargo, el estrés entendido como un proceso implica un desequilibrio del individuo al no ser capaz de dar suficientes respuestas a las demandas del entorno. La ansiedad formaría parte de este proceso como una respuesta psicológica a este desequilibrio y que siempre iría acompañado de un alto nivel de activación (De Diego & Sagredo, 1992).

Los efectos de la activación sobre la consecución del éxito deportivo están relacionados con la influencia que esta tiene sobre la coordinación motriz, el grado de tensión muscular, la concentración y la atención del deportista. Existe un nivel de activación óptimo definido como aquel estado de excitación que permite al deportista rendir al máximo de sus posibilidades. Tanto por encima como por debajo de este nivel óptimo, el rendimiento del deportista será menor. Mayoritariamente se asocia a la ansiedad como un estado de activación por encima del nivel óptimo. Pero este nivel ideal de activación no solo varía para cada deportista, sino que puede ser diferente en un mismo individuo en función de la situación en la que se encuentre. Si el deportista es capaz de encontrar por sí mismo el nivel óptimo de activación en cada situación, conseguirá una ventaja competitiva que le acercará a la consecución de la excelencia deportiva (Buceta, 1998).

En cuanto a la relación entre estrés y rendimiento deportivo, tenemos que tener en cuenta que para que se dé el estrés competitivo, se tienen que dar dos condiciones iniciales: que el deportista evalúe la situación como amenazante y que crea que no dispone de los recursos necesarios para enfrentarse a ella (Márquez, 2004). Por lo tanto, cuando un equipo recibe un gol en contra, los niveles de estrés aumentarán o disminuirán en función de la percepción que tengan sobre las dos condiciones señaladas.

Este estado de estrés puede condicionar el rendimiento desde tres perspectivas: psicológica, comportamental y fisiológica. Las consecuencias psicológicas que más pueden limitan el logro de la excelencia deportiva son: la irritabilidad, la ansiedad, la pérdida de concentración y la disminución de las capacidades perceptivas. Mientras que las limitaciones en el campo comportamental se centran en: la aparición de temores con la consiguiente pérdida de autoconfianza, la pérdida de sueño y la diminución de las capacidades verbales. Por último, a nivel fisiológico el deportista sufre los siguientes síntomas: dilatación de las pupilas, incremento de la frecuencia cardiaca, la presión sanguínea y la tensión muscular (De Diego & Sagredo, 1992).

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