El otro equipo también juega

todos contra unoLÓPEZ DEL CAMPO, Roberto.

Los equipos grandes muchas veces se centran únicamente en realizar un análisis interno de las causas de la victoria o de la derrota. Consistiría en realizar un razonamiento tan simple como concluir que si jugamos bien ganamos y si jugamos mal perdemos. ¿Se puede jugar bien y perder o jugar mal y ganar? Evidentemente sí, he aquí la aparición del habitualmente olvidado equipo rival.

El primer paso para el reconocimiento de la existencia de un oponente es tomar consciencia de que nos vamos a enfrentar a once deportistas cuyo objetivo competitivo lícito va a consistir en interponerse ostensiblemente a nuestro deseo de triunfo.

Es inevitable comparar la trayectoria previa del equipo rival antes del enfrentamiento. Las expectativas de resultado que nos proporcione esta comparación condicionará en gran medida la predisposición del afrontamiento:

  • “Salir derrotado de antemano”, cuando las expectativas de éxito las consideremos prácticamente nulas (motivación orientada al resultado).
  • “Ganar el partido sin bajarse del autobús”, cuando demos por hecho que vamos a ganar sí o sí (motivación orientada al resultado).
  • Salir con la ambición de plantar cara al rival intentando hacer las cosas lo mejor posible, siendo plenamente consciente de la existencia de un adversario que va a manifestar una oposición (motivación orientada a la tarea).

No debemos olvidar que para que exista deporte debe haber oposición. El equipo oponente se convierte en un nuevo límite al que hay que respetar. En expresiones como “nada es imposible”, “si lo deseas con suficiente fuerza lo conseguirás” o “el poder está en tu mente” se menosprecia la figura del oponente y se deshumanizan el deporte (al no tener en cuenta los límites inherentes a la condición humana). Estas visiones focalizan el éxito únicamente en factores internos, condenando al ostracismo al rival (factor externo).

En el deporte, el oponente debe ser respetado. Cuando conseguimos la victoria, debemos agradecer al rival la oposición manifestada durante la competición. Sin oponente no hay victoria. Además, a mayor dificultad mayor valor le otorgaremos al triunfo.

No debemos atribuir el resultado, ganemos o perdamos, únicamente a los factores internos. Esto supondría sacar de la ecuación al factor externo fundamental: el equipo oponente. El otro equipo también juega.

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