El necesario cambio de paradigma en el fútbol base

Futbol base Atlético de MadridLÓPEZ DEL CAMPO, Roberto.

La sociedad está en un cambio constante. Esta circunstancia obliga a una adaptación permanente de paradigmas. El fútbol no es una excepción.

El modelo industrial en el que la persona era simplemente mano de obra ha sido superado por una visión más humanista. El desarrollo integral del futbolista no solo como deportista sino como persona ha supuesto el mencionado cambio de paradigma. Avances científicos en el área de la neurología y psicología como las inteligencias múltiples, inteligencia emocional, programación neurolingüística entre otros, suponen una oportunidad de cambio para desarrollar al máximo el talento de los jugadores de fútbol.

Se debe partir de la base de que el futbolista, como individuo, es singular y por lo tanto, tiene una identidad, capacidades e intereses propios. Estos intereses no son iguales para todos. Pueden coincidir a nivel general, pero los matices marcan la diferencia. Messi y Cristiano Ronaldo quieren ganar el “Balón de Oro” cada año. Pero el valor que da cada uno a este premio, la importancia que le asignan profesionalmente, la necesidad de reconocimiento social… son muy diferentes.

La formación del futbolista desde la base debe centrarse en un único concepto: la pasión. Esta energía interior que sale de lo más interno del individuo debe utilizarse como combustible del proceso de desarrollo del talento. Si tienes pasión por algo siempre vas a encontrar cómo conseguirlo. Es un proceso de autorrealización de la identidad.

Este proceso tiene un alto componente humano. No solo es técnico, táctico y físico. Es sobre todo, emocional. Nos mueven las pasiones más que las razones. La razón es algo aprendido socialmente. Lo innato, lo genuino es lo que nos dicta el corazón.

La pasión necesita vocación. Por lo tanto, el primer paso es encontrar la vocación del individuo. Para que este proceso de aprendizaje tenga éxito es imprescindible que el niño tenga la vocación de futbolista. Esta vocación va a desarrollar la pasión que conducirá al talento. El fútbol tiene que gustar, tienen que formar parte de los principales intereses del individuo. En definitiva, el niño tiene que querer ser futbolista.

Esta vocación va a garantizar el esfuerzo y sacrificio que todo proceso de talento implica. El fútbol es un deporte y la mejora se basa en principios generalmente aceptados en el ámbito de las Ciencias del Deporte. No hay atajos. Perseverar antes las adversidades depende de la pasión con la que el futbolista afronte cada obstáculo.

La pasión proporcionará al futbolista la fuerza suficiente para enfrentarse, entrenamiento a entrenamiento, a la dura tarea de adquirir las competencias futbolísticas y a la no menos compleja labor de definir la identidad personal. El ser humano no está formado por compartimientos estancos. Es la suma de múltiples partes que forman un todo complejo e interconectado. El fallo en una de las partes, por insignificante que pueda parecer, provoca un efecto en cadena de consecuencias impredecibles. Mantener el equilibrio forma parte del talento.

El nuevo paradigma del fútbol base debe cimentarse sobre la base de la vocación y el talento. Pero con límites. Las fases de desarrollo del futbolista deben priorizar el componente humano sobre todo en sus primeros años. La mercantilización de los menores de edad no tiene cabida en el nuevo paradigma del fútbol base. El futbolista es persona antes que deportista. Los derechos de la infancia son inalienables e irrenunciables, por lo que ninguna institución puede vulnerarlos o desconocerlos bajo ninguna circunstancia. Afortunadamente la FIFA vela por el cumplimiento de estos derechos en contra de los intereses particulares de clubes de fútbol como Real Madrid, Atlético de Madrid o Barcelona.

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