El enfoque atencional en el fútbol

Capacidad atencional de MessiLÓPEZ DEL CAMPO, Roberto.

La mayoría de los expertos en la materia se basan en la Teoría del Estilo Atencional de Nideffer (1981) que establece que la atención está constituida por dos dimensiones bipolares: la amplitud, que puede ser ancha o estrecha; y la dirección, que puede ser interna o externa.

La amplitud se refiere a la extensión del campo atencional, de tal forma que cuando la amplitud es grande significa que el deportista está atendiendo a numerosos estímulos; en el caso de que fuera pequeña, el deportista estaría atendiendo a un número reducido de estímulos. Por el contrario, la dirección se refiere a si el foco atencional se dirige hacia el exterior, estímulos ambientales, o hacia el interior, sensaciones o emociones del propio individuo (Nideffer, 1991).

En el caso del fútbol, nos encontraríamos ante un enfoque atencional fundamentalmente externo – amplio, ya que el jugador antes de realizar cualquier acción técnica debe realizar una evaluación del medio que le rodea (compañeros, rivales, situación en el terreno de juego…), una lectura rápida y una valoración de la información de todo lo que ocurre a su alrededor (Mora et al., 2001).

La concentración en cualquier deporte juega un papel fundamental en aspectos tan relevantes como la precisión o la velocidad de ejecución de las acciones motrices específicas (Arellano y Oña, 1987; Mérida, Resa y Mena, 2001). No obstante, en los deportes de equipo en general y en el fútbol en particular existen dos características diferenciadoras que se encuentran fuertemente interrelacionadas: por un lado, la cooperación con los compañeros y por otro, la oposición con los componentes del equipo rival (Mora et al., 2001).

Ambos aspectos se pueden ver desde una doble perspectiva: el enfrentamiento del futbolista consigo mismo en el que él es su primer oponente, exigiéndose a sí mismo mientras compite con los demás; y el enfrentamiento con el rival, aprendiendo a enfrentarse a los demás a través del entrenamiento. El foco de atención direccional en su dimensión interna estará relacionado con el enfrentamiento del deportista consigo mismo, mientras que la dimensión externa se centrará sobre todo en enfrentamiento con el oponente (Coca, 1985).

La atención, entendida como la capacidad eminentemente cognitiva por la que un individuo es capaz de discriminar la información deseada en un momento determinado, es una habilidad que es susceptible de mejora con el aprendizaje basado en la práctica. Este concepto no debemos confundirlo con el de concentración, que podríamos definir como una habilidad que consiste en dirigir y mantener la atención. En consecuencia, podríamos decir que un jugador de fútbol estará concentrado cuando atienda únicamente a aquellos aspectos más relevantes que le permitan realizar la tarea que haya planificado (Balaguer, 1994).

El futbolista, por lo tanto, se encuentra sometido de forma permanente a múltiples estímulos ambientales e internos que deberá discriminar dentro de la complejidad reinante en la competición. La capacidad atencional va a resultar clave para llevar a cabo este proceso de selección de estímulos, dirigiendo y manteniendo esta atención hacia aquellos estímulos que le permitan optimizar sus competencias (García, 1997).

El rendimiento deportivo conducente al éxito dependerá en gran medida no solo de la cantidad de recursos utilizados, componente cuantitativo, sino de la eficiencia de estos recursos, componente cualitativo. Y cada tarea en particular requiere unos recursos determinados cuya eficiencia se encuentra íntimamente relacionada con el componente atencional del individuo (Roselló, 1997); y en consecuencia, con la capacidad de mantenerse concentrado durante toda la competición.

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