Estrés, ansiedad competitiva y rendimiento

cristiano-ronaldo-futbol-lesion LÓPEZ DEL CAMPO, Roberto.

En cuanto a la relación entre estrés y rendimiento deportivo, tenemos que tener en cuenta que para que se dé el estrés competitivo, se tienen que dar dos condiciones iniciales: que el deportista evalúe la situación como amenazante y que crea que no dispone de los recursos necesarios para enfrentarse a ella (Márquez, 2004).

Este estado de estrés puede condicionar el rendimiento desde tres perspectivas: psicológica, comportamental y fisiológica. Las consecuencias psicológicas que más pueden limitar el logro de la excelencia deportiva son: la irritabilidad, la ansiedad, la pérdida de concentración y la disminución de las capacidades perceptivas. Mientras que las limitaciones en el campo del comportamiento se centran en: la aparición de temores con la consiguiente pérdida de autoconfianza, la pérdida de sueño y la diminución de las capacidades verbales. Por último, a nivel fisiológico el deportista sufre los siguientes síntomas: dilatación de las pupilas e incremento de la frecuencia cardiaca, la presión sanguínea y la tensión muscular (De Diego y Sagredo, 1992).

La tolerancia al estrés y la ansiedad que este conlleva, se puede neutralizar directamente con el aumento del nivel de autoconfianza del deportista. Para que se produzca estrés competitivo – aparte de que el deportista tiene que sentirse amenazado por la potencialidad del oponente – este tiene que percibir que no es capaz de superar la situación que motiva el estrés (Buceta y López, 2009). Esta percepción de competencia se encuentra íntimamente relacionada con la autoconfianza del jugador a nivel individual y del equipo a nivel global. A mayor dosis de confianza menor será la percepción de verse desbordado y en consecuencia, el deportista tendrá una mayor tolerancia al estrés competitivo (Calahorro y Hervás, 2007).

Ahora nos centraremos en la relación que la ansiedad, como uno de los efectos más comunes del estrés, mantiene con el rendimiento deportivo. Son muchas las teorías que pretenden explicar la relación entre ansiedad y rendimiento deportivo – Teoría del Impulso de Hull (1943); Hipótesis de la U-Invertida de Yerkes y Dodson (1908); Teoría de la Zona Óptima de Funcionamiento Individual de (Hanin, 1980); Teoría Multidimensional de Woodman y Hardy (2003); Teoría de la Catástrofe del Rendimiento de Hardy y Fazey (1988); Teoría de la Reversión Psicológica de Smith y Apter (1975) entre otras –. Aunque ninguna de ellas se libra de las correspondientes críticas científicas que ponen en duda su fiabilidad, podríamos señalar como rasgos generales de la naturaleza multidimensional de la ansiedad (Lazarus, 1991): niveles bajos de autoconfianza y autoestima, aumento de la autocrítica negativa, aparición de una actitud pesimista, falta de concentración y aumento del deseo de abandono.

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