En busca de un modelo de entrenamiento eficaz (II)

Rafa Benitez Real Madrid

LÓPEZ DEL CAMPO, Roberto.

El modelo de entrenamiento definido por John Whitmore consta de cuatro fases (Whitmore, 2003):

Fase 1: definición de un objetivo. En esta etapa el entrenador pretende dar respuesta a preguntas del tipo ¿qué deseamos lograr con el entrenamiento? En esta fase se invita a soñar a los jugadores focalizando la atención en el objetivo establecido conjuntamente. Los objetivos o metas pueden ser de varios tipos:

  • Meta u objetivo final. Alcanzar una posición determinada en la tabla de clasificación. Por ejemplo, quedar entre los cinco primeros equipos para participar en competiciones europeas o lograr la permanencia en una categoría determinada.
  • Meta u objetivo de desempeño. Son objetivos o metas más alcanzables y cuyo cumplimiento nos va a acercar a la meta u objetivo final. Por ejemplo, ganar el próximo partido.

Es más fácil alcanzar el compromiso de los jugadores para metas de desempeño que para metas finales. Los jugadores verán más alcanzables y por lo tanto asumirán más responsabilidad en metas que consideren que están bajo su control. Es decir, ganar un partido determinado lo ven como algo alcanzable, que depende de ellos mismos. Sin embargo, conseguir una posición determinada en la tabla clasificatoria lo ven como algo más lejano, que no solo depende de ellos, sino de múltiples factores complejos ajenos a su voluntad.

Para que el modelo funcione es fundamental que los jugadores no consideren que la meta final ha sido impuesta por agentes externos (directiva, afición o incluso el propio entrenador). El equipo tiene que elegir su meta final de forma libre y autónoma. El entrenador solo deberá intervenir cuando considere que la meta elegida no es lo suficientemente ambiciosa o es inalcanzable. El entrenador debe fomentar que el equipo se marque metas desafiantes que impliquen necesariamente motivación y conciencia. Según Whitmore las metas deberán tener las siguientes características:

  1. Específica, que resulte de un proceso de concreción.
  2. Medible, que se puedan medir el grado de cumplimiento.
  3. Concertada, que se haya pactado con el equipo.
  4. Realista, que se ajuste de la forma más objetiva posible a la realidad.
  5. Optimista, sin alejarse de la realidad antes mencionada.
  6. Comprensible por todos los miembros del grupo.
  7. Pertinente, que venga a propósito de algo comúnmente acordado.
  8. Ética, conforme a la moral del grupo.
  9. Desafiante, que implique tener que enfrentarse a la adversidad con decisión.
  10. Apropiada, que convenga a los intereses del grupo, que sea entendida por el grupo como adecuada.

Fase 2: contrastar los objetivos o metas fijados con la realidad. Es cierto que existen tantas realidades como individuos la observen. Es decir, que la realidad es un aspecto subjetivo. No obstante, el entrenador debe “tener los pies en el suelo” e intentar confrontar los objetivos o metas fijadas por el equipo con la realidad mediante evaluaciones objetivables. Por ejemplo, si nuestro objetivo es ganar a un equipo determinado, datos objetivos como el resultado de los últimos partidos, scouting, estadísticas… (tanto de nuestro equipo como del rival) son datos objetivos que nos pueden indicar si nuestra meta es realista.

Actualmente existen empresas de apuesta que suelen utilizar avanzadas técnicas de previsión de resultados que pueden ser útiles a la hora de establecer el grado de realismo del objetivo propuesto. Es decir, si por la victoria de nuestro equipo las apuestan están 12 a 1 (por cada euro apostado nos daría 12 euros) sería un objetivo a priori menos realista que si las apuestas estuvieran 2 a 1 (por cada euro apostado nos darían 2 euros).
Para conseguir el correcto funcionamiento del modelo, es fundamental que sean los jugadores los que cataloguen sus objetivos como realistas. Aquí es donde cobra importancia las habilidades del entrenador para escuchar a sus jugadores. El entrenador deberá captar la información que los jugadores le facilitan, haciendo que estos tomen conciencia de lo alejado que pueden llegar a estar los objetivos planteados, consiguiendo mediante el intercambio de información – comunicación – un planteamiento de objetivos más realistas. Todo ello sin olvidar lo antes expuesto sobre la necesidad de que los objetivos supongan un desafío para el grupo.

Fase 3: determinación de las opciones existentes. En esta fase el entrenador invitará a los jugadores a que estimulen la inteligencia y expongan todas las ideas que vayan surgiendo y que sirvan para alcanzar el objetivo previamente propuesto. Es importante que el entrenador no pretenda imponer su idea de cómo conseguir el objetivo.

El entrenador debe estimular respuestas creativas de sus jugadores e intentar desterrar las ideas del tipo “no se puede” o “es imposible”. Los jugadores deben ignorar sus suposiciones y prejuicios. El entrenador creará un clima de confianza en el que los jugadores se sientan cómodos. De esta forma fluirá una lluvia de ideas encaminadas a alcanzar el objetivo marcado por el grupo. El entrenador deberá estar muy atento a las posibles ideas negativas que se centren más en los problemas que en las soluciones. Para lidiar con estas ideas el entrenador debe plantear alternativas y no limitarse a vetarlas.

Fase 4: definir el plan de acción. El plan de acción debe ser el resultado de las tres fases anteriores. Por lo tanto, su eficacia dependerá de la calidad de dichas fases. Dicha calidad dependerá a su vez de exista una comunicación fluida entre el entrenador y los jugadores; de que el entrenador empatice con los jugadores y estos con él; de que se cree un buen clima de confianza y seguridad…

El plan de acción debe estar consensuado entre el entrenador y los jugadores. En el caso de que el entrenador no esté convencido de la eficacia del plan de acción previsto, podrá realizar nuevas preguntas a sus jugadores para reafirmar las decisiones que se han propuesto conjuntamente. Un error típico en esta fase consiste en que el entrenador imponga un plan de acción que sus jugadores tengan que asumir con resignación. Los jugadores deben sentirse protagonistas, dueños y ejecutores de su propio destino.

La figura del entrenador se debe centrar en retar y estimular la voluntad de sus jugadores. El plan de acción debe ser específico y las fases deben estar claramente definidas.

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