La importancia de mantener el equilibrio en la vida del futbolista

LÓPEZ DEL CAMPO, Roberto.

La vida de un jugador no se puede dividir en recipientes estancos. El jugador, como ser humano que es, cuenta con una serie de facetas interrelacionadas por complejos entramados que escapan a la razón. Por ello, debemos intentar que todas las facetas – recipientes – se encuentren en equilibrio. Podemos distinguir cinco recipientes del futbolista:

  • Vida intelectual, relacionada con el pensamiento. El equilibrio en esta faceta de la vida se consigue teniendo las ideas muy claras. El futbolista debe saber qué es la competición, cuales son los pros y los contra de entrar en la vorágine competitiva; así como las consecuencias y las implicaciones que tiene todo lo relacionado con el fútbol profesional. También es necesario mantener altas dosis de autocrítica como única vía para la mejora en el día a día. Los mayores niveles de exigencia deben provenir de uno mismo.
  • Vida afectiva, relacionada con los sentimientos. Para conseguir la homeostasis en esta faceta el futbolista debe disfrutar de una estabilidad emocional que le permita aceptar el riesgo competitivo. La tolerancia a la frustración es básica para poder asumir los fracasos inherentes a toda competición.
  • Vida social, relacionada con la integración con los semejantes. El equilibrio en esta faceta de la vida se consigue con la inteligencia interpersonal. El principal enemigo de esta inteligencia es el egoísmo. Para integrarse dentro de un colectivo es fundamental superponer el interés general del grupo a los intereses particulares. Sin que ello implique renunciar a ellos. Ambos intereses deben convivir en armonía.
  • Vida volitiva, relacionada con la capacidad de decidir, con la voluntad. El equilibrio en este campo se consigue con la responsabilidad. El futbolista no debe justificarse ni buscar excusas. Los actos tienen unas consecuencias que debe asumir con autocrítica y sentido de la responsabilidad. La responsabilidad no puede suponer un freno a la espontaneidad y el atrevimiento.
  • Vida ética, relacionada con los valores. El jugador debe respetar las normas, sabiendo que durante la competición la figura del árbitro es el garante del cumplimiento de dichas normas. Con esfuerzo, generosidad, respeto y constancia el jugador debe ir creciendo sin incumplir el código ético del equipo. El entrenador como director del equipo será el garante de dicho código.
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